De pequeña jugaba a ser otros; más tarde entendí que eso tenía un nombre. No recuerdo un momento exacto en el que decidí ser actriz, pero sí la necesidad constante de imaginar, observar y jugar. Siempre me ha nacido de forma natural contar historias y meterme en la piel de personajes hasta olvidarme de mí. Para mi actuar es entrar en ese estado donde todo fluye y la verdad del momento lo ocupa todo. Me gusta arriesgar, probar y no quedarme en “lo cómodo”. Porque para mí no va solo de interpretar, sino de conectar de verdad y dejar huella.